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04 septiembre 2005

Chiquinquira, la ciudad con mucho corazon

La Virgen de Chiquinquirá que habita en la Basílica que lleva su mismo nombre, no solo recibe las plegarias de los colombianos que la visitan a diario, también los acoge con todo su corazón.

Miles de peregrinos llegan a estas tierras, en Boyacá, al norte de Colombia, para ofrecer, quizá, el mismo sacrificio de viajar y pedir el alivio en alguna calamidad de sus vidas. O simplemente, dar las gracias por los favores recibidos de parte de la Madre del Cielo.

En la plaza, justo en frente de la imponente iglesia convergen los viajeros que llegan de tierras lejanas, los grupos religiosos que entre danzas y cantos expresan sus agradecimientos y los comerciantes que hacen de la fe, un negocio y su forma de subsistir.

En este espacio donde se pueden adquirir, por unos cuantos pesos, la imagen de la virgen que ilumina en la oscuridad, el escapulario para bendecirlo, el rosario para la plegaria y las pulseras con pequeñas fotos del Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen del Carmen y el Divino Niño, entre otros.

Es el comercio de la religión, que en unos pocos metros mezclan padrenuestros y avemarías, con la foto del recuerdo con el caballo mexicano, el camello del oriente y el corazón de Chiquinquirá. Basílica de Chiquinquirá, el mercado de la fe, la gallina boyacense.

* Algunos textos no tienen acentuacion para facilitar su lectura.

29 agosto 2005

Raquira, el escenario multicolor

Con la brisa que llega de la Sabana de Bogotá y con los rastros que lleva la ruta por Boyacá, al norte de Colombia, un pueblito con la tradición de las artesanías a cuestas da la bienvenida a los visitantes. Ráquira es el lugar donde nacen las obras maestras que elaboran los artesanos con sus propias manos y de allí salen a cualquier destino en el mundo.

Las hamacas, estos singulares elementos de decoración y descanso que hoy forman parte de los hogares de cientos de ciudadanos son el recuerdo de una tierra labrada con el esfuerzo de sus habitantes.

Son colores colgantes que desde lo alto iluminan las esperanzas y sueños de sus fabricantes. Son tejidos en cruz, en línea y con hilos desplegados que forman una calle de honor para engalanar a los transeúntes.

Esta es la magia que irradia Ráquira, el universo colorido que hace que cada encuentro se convierta en la excusa perfecta para llevarse un pedacito de su alma a algún rincón especial de la cotidianidad. >> Hamacas multicolores , colores colgantes

22 agosto 2005

Villa de Leyva, el paso por la historia colonial y la realidad actual

Llegar a las calles empedradas de Villa de Leyva es encontrarse con un mundo de historias y leyendas que enmarcan esta tierra que hoy es el punto de encuentro de extranjeros y nacionales que buscan, en estos caminos, la forma transportarse a un mundo mítico dentro de la realidad.

Es la realidad de la "villa" que reúne a personajes anónimos, estrellas de la farándula colombiana y turistas que con, gorro, guantes y ruana de la lana pasan los días en el frío y el calor de este pequeño terruño anclado en el corazón de Colombia.

Estos parajes coloniales se han convertido en protagonistas de los hechos de la patria de ayer y de hoy. En la plaza central se realizan, con mucha frecuencia, todo tipo de eventos que van desde el desfile de modas nocturno, el concurso de cometas, la exhibición de motocicletas de alto cilindraje y las cabalgatas, hasta el festival astronómico, que por la ubicación estratégica de Villa de Leyva, es el epicentro de observadores de estrellas y constelaciones, que al sabor de un buen carajillo, se compenetran con el universo.

>> Villa de Leyva fue fundada el 12 de junio de 1572 y declarada monumento nacional en 1954 durante el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla.

Más imágenes:

  • Villa de Leyva nocturna

  • Iglesia de Villa de Leyva

  • Plaza central de Villa de Leyva

  • Las sombras de Villa de Leyva


  • 08 agosto 2005

    La realidad y la magia del “Chorro de Quevedo”

    Este es un rincón de la Bogotá de hace muchos años donde se albergan recuerdos no muy claros, según sus propios habitantes, de la historia de la fundación de la capital de Colombia. Es aquí donde hoy, grupos de jóvenes, parejas de enamorados o simplemente amigos llegan a buscar un momento de encuentro con el pasado.

    La falda de la montaña, con la presencia del Santuario de Monserrate, es la compañera inseparable del Chorro de Quevedo, un lugar enigmático, donde el artista, Jorge Olave, inmortalizó los personajes que protagonizaron esa época. La loca margarita, el bobo del tranvía, el cachaco y otros más acompañan a los visitantes que llegan al centro histórico de la Candelaria.

    En la vista de hoy del “Chorro”, como es conocido este sitio, con tan solo dar unos pasos por sus calles empedradas se pueden ver las diferentes generaciones que buscan un momento de distracción. Se encuentra la dura realidad, donde los “vendedores informales” se acercan a los transeúntes y sin más ni más, ofrecen, por unos cuantos pesos, un “bareto de marihuna”, nombre que recibe el cigarrillo que se hace con las hojas de esta hierba.

    Desde otra esquina se pueden observar los artistas de la calle que se ganan la vida con unas cuantas acrobacias, son hombres de pelo largo, sombreros de lana de ala ancha, jeans y tenis, y para ellos está por encima de todo, su amor al arte.

    Para el frío, en el Chorro se puede encontrar todo tipo de bebidas, pero la más tradicional es el “canelazo”, una mezcla de agua de panela con licor, que en un mismo recipiente puede despertar en los consumidores un realismo mágico y sentimental.

    El amor no falta en este panorama, la plazoleta sirve también de escenario, quizá cómplice, de encuentros románticos entre hombres y mujeres que bajo la noche bogotana, a la luz de un farol y con la energía de un canelazo encuentran la felicidad, cada pareja a su manera.

    Con todos estos sentimientos que revive el Chorro de Quevedo, siempre tiene cosas que mostrar, pues cada vez que se visita, la magia de sus calles y sus fantasmas despiertan innumerables emociones.



    05 agosto 2005

    Los pericos de la suerte

    Con una mira diferente al pueblito paisa en Medellín o la capital de la montaña, como es conocida esta ciudad, del departamento de Antioquia en Colombia, se pueden capturar instantes paralelos a la realidad que se quiere mostrar.

    La creatividad e ingenio de los paisas, hombres nacidos en esta tierra, no tiene límite y ha hecho que se destaquen por su loables acciones en mundo entero, desde el antioqueño que vende figuras religiosas en un mercado popular en ciudad de Panamá, hasta el empresario dueño de una cadena de panaderías en Madrid.

    Aquí se revela la historia de un hombre que se vale de la habilidad de un pequeño lorito para que le ayude a conseguir unas cuantas monedas.

    El turista, ávido de conocer su destino, simplemente se acerca, hace su oferta, paga y el ave hace lo suyo. "Tendrás suerte en el amor", "hoy es tu día", "juega la lotería" son las múltiples opciones para el cliente que desea retar el futuro.

    Es el rebusque en un pueblito "paisa" de Colombia, un pequeño espacio donde confluyen, en lo alto de la ciudad, los viajeros y los hijos de esa tierra que tienen la posibilidad de ver la realidad de sus calles desde los aires y buscar, con una picotada, un futuro mejor.

    >>> El pueblito paisa está ubicado en el Cerro Nutibara, convertido en parque natural y sitio obligado para los turistas. Desde su cima se puede apreciar la panorámica de Medellín, es una réplica de los tradicionales municipios antioqueños con sus sitios clásicos como la iglesia, la casa cural, la alcaldía, la escuela, la barbería y la plaza mayor.