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28 agosto 2006

Encuentro con la fe a 180 metros bajo tierra

Este templo incrustado en una montaña de Zipaquirá, al norte de Colombia, es una forma diferente para llegar al encuentro con el creador, pues tiene la particularidad de que es una de las pocas catedrales de América Latina con características especiales: toda su estructura es de sal y está enclavada a 180 metros de la superficie.

¡¡¡Sí es de sal!!! Puesto que fue construida en una mina de este producto que no solo le da sabor a los alimentos, sino también a la vida de los hombres.

La llegada a la “Catedral de sal”, como es reconocida por los turistas y habitantes de la región, comienza en un camino empedrado y enmarcado por una gran cruz que se encuentra en la entrada de la ruta.

Desde ese momento, según las indicaciones de los guías que traducen el encanto de este natural rincón espiritual al francés e inglés, se da inicio a una aventura bajo tierra que dura unos 120 minutos

Pero el momento no es solo un paseo, sino que se convierte en una reflexión, pues lo primero que se observa es el “vía crucis”, una emulación de los pasos que recorrió Jesús camino al calvario. Cada estación tiene su particularidad, una cruz de sal, una historia y un mensaje.

Luego, después de varios pasos hacia el corazón de la montaña aparece imponente la nave central de la catedral, en la que una cruz gigante con destellos de luz transmite la solemnidad y majestuosidad del recinto sagrado, escoltada por la sagrada familia, el pesebre en el que nació Jesús y ángeles y arcángeles, entre otros.

El final del recorrido se caracteriza por que todos los fieles o visitantes reafirman su intención de volver, junto con una acción de gracias y, quizá, un listado de peticiones al Creador. Allí, aparece “El minero”, principal símbolo de este territorio, que encarna la laboriosidad, pujanza y firmeza de los zipaquireños.


Esta es solo una pequeña muestra de lo que es la fe subterránea, solo queda la tarea de que cada persona que visita la Catedral de sal lleve consigo un pedacito de mina, solo para que le pongan “condimento a sus vidas” y que nunca olviden las palabras sagradas: “Yo soy la sal del mundo”.


13 julio 2006

Realidad y ficción de la vida de Alberto Salcedo Ramos

Alberto Salcedo Ramos, considerado como uno de los mejores cronistas colombianos, autor de “El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé”, revela la mejor anécdota de su trabajo con el boxeador, que no salió publicada. El siguiente proyecto del escritor será un libro sobre la historia del tambor, vinculado a la vida de la gente en América.

Su encuentro con las letras fue a los nueve años cuando un impulso interior lo lleva ser el artífice del amor entre Magoline y “El Caracol” y quizá, su celestino anónimo. La historia empezó en Arenal, un pueblo ubicado a una hora de Cartagena, al norte del departamento de Bolivar. El nombre original de la población es San Estanislao, pero por sus características polvorientas sus propios habitantes lo llaman así.

En este lugar, Alberto fue criado por sus abuelos maternos, en una casa donde no había libros, pero sí mucho ganado, pues ese era el oficio de su abuelo. En esos ires y venires de la infancia, Magoline, la empelada doméstica, de unos 30 años, fue el objetivo de Alberto, la observaba como una mujer ajada por el maltrato de la vida, que luchaba por sacar adelante sus cinco hijos. “El Caracol”, como lo conocían todos, tenía unas características muy similares a las de ella. Ambos eran seres muy solitarios. Entonces, Alberto empezó a escribirle todos los días una carta de amor a ella, como si fuera de “El Caracol”. Como resultado de estos mensajes, ellos dos hoy viven juntos.

Salcedo describe esto como el milagro de fundar un amor en la ficción, para luego hacerlo realidad. “Si a un niño de nueve años un truco de esos le funciona, ya queda encadenado, ya no hay manera de devolverse”, anota.

1972 fue el año que dio inicio a una vida de letras, en ese momento, un poco llevada por la ficción y por el ansia de crear.

Alberto Salcedo Ramos nació en Barranquilla, en 1963. Dice que el periodismo es algo genético, pues en su familia varios se dedicaron a este oficio y además, siempre lleva las enseñanzas de su padre. Es un hombre que hasta su conversación es en crónica, se le nota la sencillez y la “bacanería” de los hijos del Caribe. Siempre cita a sus autores preferidos y toma muy en cuenta los consejos de sus amigos. Como el que le dio una vez Mario Jursich, subdirector de la revista El Malpensante, para que trabajara la historia de Pambelé. “Me sorprende que tu que has sido tan amante del boxeo no hayas escrito sobre el más grande de los boxeadores”, le dijo en su momento.

Así nació “El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé”. Pero mucho antes de este consejo, Pambelé ya era parte de la vida de Alberto. Fue su ídolo de infancia, gracias a su abuelo, quien lo despertaba muy de madrugada para ver las peleas. Antes de eso, Alberto no veía a Pambelé como un personaje narrable, sino como héroe que hacía justicia por él.

“Es como la venganza del tercer mundo –anota Salcedo– no tenía la capa de Superman, ni la de El Zorro, pero rompía mandíbulas y costillas. Un hombre que se hizo grande con la única gracia de sus puños”.

En esta obra, considerada por su propio autor como la más madura que ha escrito, se destaca la vida del protagonista, un hombre escindido, que a ratos es hecho de luz y a ratos de oscuridad.

No fue una historia fácil, relata Alberto: la primera cita que tuvo con Pambelé, en Cartagena, la incumplió. Desde ese momento se empieza a reconstruir la vida de este personaje, comparada como un espejo roto, cuyas astillas están dispersas en distintos lugares del mundo. Kid Pambelé nació en Palenque, creció en Cartagena, se hizo grande en Caracas, fue tratado psiquiátricamente en Cuba y vivió en Bogotá. “Lo que más me satisface de ese libro como autor es haber penetrado la psiquis de Pambelé”, puntualiza.

Pero la mejor anécdota de esta historia desafortunadamente no fue publicada, pues sucedió unos días después del 17 de diciembre del 2005, fecha en la que circuló el libro. Por esa época, Pambelé, que acababa de salir de la cárcel, llamó a Alberto y le dijo:

- Albe, ¿cuánto vale el libro?

- ¿Para qué quieres saber eso? –preguntó Alberto-

- Pa´comprarlo, pa´qué más va ser

- No lo compres que la editorial te va a mandar varios

- Y eso ¿cuándo va a ser?

- El lunes de la próxima semana

-Yo no espero, eso es mucho tiempo

Dos horas más tarde, Pambelé vuelve y llama:

- Albe, ya vi el libro, está bonito, me gustaron mucho las fotos, esas que metiste al final

- ¿Leíste, por casualidad, algo de lo que yo escribí? –preguntó Alberto–.

- No leí nada, porque me encontré con el Dr. Vergara y se lo vendí en $35.000

Alberto Salcedo ha ganado el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, tres veces el Premio Nacional de Periodismo, el Premio al Mejor Libro Periodístico del Año, entre otros. Pero a pesar de todas estas distinciones, siempre trata de ser humilde y de no alardear con ello, pues los premios no hacen mejor a nadie, no cree en modestias falsas.

Tiene dos hijos, Mario, de 16 años y Oriana, de 20. Su residencia en Bogotá cuenta con un espacio que ha convertido en su estudio, de donde surgen las crónicas que se publican en revistas como Soho y El Malpensante. Le gusta mucho el cine, pero lo ve más por autores que por géneros. Como buen costeño, es amante del vallenato. Considera a Rubén Blades, (compositor y cantante panameño) como uno de los mejores cronistas de América Latina, porque narra historias en sus canciones.

Ahora, como uno de los nuevos proyectos, Alberto es profesor universitario y considera que la juventud también llega por contagio. Pero paralelamente, continúa en la causa de contar un país que no sale en los medios, como el de las cantoras del sur de Bolívar; los pescadores del Pacífico, o los alfareros de Boyacá.

Alberto Salcedo va a seguir buscando esas historias que lo apasionan, va a hacer todo lo que esté a su alcance para unir muchos más corazones, como los de Magoline y “El Caracol”.

07 julio 2006

El sabor salsero de Cali [videos]

Esta es una pequeñísima muestra de lo que es la mejor rumba en Cali, la capital mundial de la salsa. "El coco", una excelente canción del Grupo Niche, adornada con los pasos del Ballet Internacional de la Salsa. Para sentir las notas musicales de este ritmo hay que estar ahí. Además, los niños bailarines que le han dado la vuelta al mundo llevando este sabor en sus cuerpos, para deleitar a todos con su danza majestuosa.


La salsa de Cali [Blip.tv]>>
El coco [Blip.tv]>>
Los pequeños gigantes de la salsa [Blip.tv]>>

* Disculpen por las anteriores versiones.

04 julio 2006

Entre el cielo y la tierra [Audio de esta semana]


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Recorrido sonoro del Azzimut de esta semana

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27 junio 2006

Recorrido sonoro del Azzimut

La ventana al cielo


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